Las palomas viven en las ciudades por las mismas razones que las personas.
Hay lugares donde vivir y refugiarse, comida abundante y muchas oportunidades de relacionarse y encontrar pareja.
Quizá la pregunta debería ser: ¿por qué no iban a vivir en las ciudades? Las ciudades tienen muchas ventajas para estas aves, pero no son la única especie de ave que se ha vuelto urbana.
Gorriones, herrerillos, estorninos, pinzones y miembros de la familia de los cuervos, por nombrar algunos, viven en nuestras ciudades.
Pero como las palomas se juntan en grandes bandadas, llaman más la atención.
Las palomas llevan siglos viviendo en nuestras ciudades y pueblos. La relación del ser humano con ellas viene de muy lejos.
Se las ha admirado, se han criado por su belleza y también para comer.
Se cree que fueron la primera especie de ave en vivir codo con codo con las personas. Entonces, ¿por qué viven en las ciudades?
1. La relación del ser humano con las palomas
Se cree que las palomas están entre las primeras aves silvestres domesticadas por el ser humano.
La mayoría de los animales salvajes temen de forma natural a las personas, pero las palomas pueden volverse muy mansas. Los estudios muestran además que las palomas son inteligentes.
Así se ha creado una relación entre nuestras dos especies que dura desde hace miles de años.

2. Hábitos de anidación de las palomas
La paloma bravía silvestre es originaria de los acantilados costeros de Europa, el norte de África y el oeste de Asia.
Su hábitat natural eran los acantilados y las costas rocosas. Algunas de las primeras ciudades se construyeron en Oriente Próximo, dentro del área natural de la paloma bravía.

A medida que las sociedades humanas se desarrollaban, construían edificios. Los edificios importantes eran grandes y muy ornamentados, con diseños y adornos elaborados.
Tenían muchos huecos y rincones donde anidar.
Es fácil imaginar que, para las palomas, estos edificios altos se parecían a acantilados.
Las palomas asilvestradas que anidaban y se reproducían en ellos y en viviendas más corrientes transmitieron esa sensación de hogar y seguridad a las generaciones siguientes.
Los edificios dejaron de ser estructuras extrañas y artificiales.
3. Una relación muy unida
Las palomas asilvestradas que conocemos hoy descienden de palomas bravías domésticas que se escaparon o fueron liberadas, y en algunos lugares también se cruzaron con palomas bravías silvestres.
Aumentaron y se extendieron al mismo ritmo que la humanidad. Donde las personas se asentaban en grupos, también lo hacían las palomas.
Las palomas no decidieron mudarse a las ciudades hace poco. Simplemente han seguido a las personas a medida que crecían los pueblos y las ciudades.

Igual que un niño nacido en una ciudad, el pichón también la considerará su hogar.
4. Alojamiento
Está claro que la vida urbana les sienta bien, porque la mayoría de las palomas asilvestradas se quedan cerca de las poblaciones en lugar de irse al campo.
¿Y qué sacan de ello?
Para empezar, muchísimo alojamiento.
Hay todo tipo de estructuras donde las palomas pueden refugiarse y vivir, desde simples cobertizos de jardín hasta rascacielos.
En los centros urbanos, los edificios están apiñados y muchos tienen cornisas y adornos, lo que da a las palomas muchos sitios seguros donde anidar o dormir.
5. Recursos abundantes
Las ciudades son una fuente inagotable de comida.
La mayoría de las ciudades antiguas y grandes tienen también amplias zonas verdes.
Además hay árboles y jardineras con arbustos y flores.

En las zonas menos comerciales hay viviendas con jardín y huertos urbanos.
Si sumamos las azoteas ajardinadas y las jardineras de las ventanas, hay una buena reserva de alimento natural para las aves.
Pero la fuente más abundante son las propias personas. Millones de personas tienen que comer cada día.
Producen toneladas de comida, parte de la cual se tira y parte se cae por accidente o acaba en el suelo como restos.
Las palomas se han adaptado a nuestra sociedad de comida rápida y de usar y tirar, y les va muy bien en ella.

6. Protección y seguridad
Además, las ciudades suelen ser más cálidas que el campo que las rodea, a menudo por unos pocos grados. Es lo que se llama efecto isla de calor urbana.
Incluso en invierno, las zonas edificadas conservan más calor.
Los edificios y las calles absorben el calor del sol durante el día y lo liberan por la noche, y también se escapa calor de los edificios con calefacción, lo que ayuda a mantener calientes a las palomas en los meses fríos de invierno.
El calor residual de millones de vehículos también eleva la temperatura general de las ciudades.
Cuando hace mal tiempo, bajan las temperaturas, llueve o sopla un viento frío, hay muchos sitios donde refugiarse.
En conclusión
Como nos pasa a las personas, cualquiera que nace y se cría en un lugar lo considera su hogar.
A las palomas nacidas en la ciudad les pasa lo mismo que a nosotros.
Las palomas se han adaptado a la vida urbana desde que las personas empezaron a construir ciudades.
Y, por supuesto, para la paloma culta, las ciudades ofrecen teatros, cines, galerías de arte, conciertos y los mejores restaurantes, sobre todo los contenedores de detrás de los restaurantes.
Última actualización: 24 octubre 2026 · Comportamiento
